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La
puerta está cerrada. Hace muchos años que está cerrada
y tal vez nos resulte imposible entrar de nuevo en este desahuciado establecimiento,
en esta taberna muerta... donde, sin embargo, sus ruinas parecen que nos
llaman y nos ruegan confidencias secretas...
Miraremos por el ojo de la cerradura, quizás así pueda penetrar
en ella nuestra imaginación y consigamos abrirla a la intuición,
al instinto, al inconsciente... a la travesura... al azar... y así
también podríamos cruzar el umbral de la cotidianidad hacia
nuestras memorias -pero no la histórica- la personal, la más
íntima.
Objetos decisivos, llenos de existencia provocadora en este lúgubre
tablao con sepultura de siglos. Una masa inerte riéndose frente
al tiempo.
Y no sería nada raro, que frente a ellos, ahora recomenzara una
vez más el protocolario desfile de personajes que parecen estar
en la antesala del purgatorio y volvieran a mirarnos y a perseguirnos
en un desvencijado y continuo reencuentro que parece fijar con la muerte.
"Vinagre
de Jerez" es un intento de radioscopia del quejío étnico,
del flamenco, a través de otro artista del hambre, un somnoliento
Quijote del cante, perdido en medio de un contra-hecho tablao del "olé"
desvaído y desencajada "grasía", donde la omnipresencia
del vino actúa como elemento de relación y sirve como factor
determinante de los actos, de las situaciones y la decrepitura de tantos
personajes.
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