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Todavía
da vueltas el Carrusel. Aunque como música solo tenga el crujir
del moho, el rechinar de la herrumbre, como una voz agotada que nos hable
de la soledad y el abandono. Ahí quedó el viejo Carrusel,
entre el sepia del daguerrotipo y lo renegrido de las intemperies. Y girando
con él, en este triste remolino de la memoria, estos destinos.
Errabundos, levantiscos, prontos al desahucio del tiempo. Tienen la edad
imprecisa de quienes hoyaron todos los caminos, saben de oscuridades y
extravíos. Y siempre dudan, si seguir para delante o si volverse,
si partir ahora o si esperar. Porque para alguna parte hay que echar,
en este tránsito , en estas vueltas por el reloj del mundo, rueda
aciaga de la fortuna, veleta enloquecida, en la que giramos siempre, Carrusel
de esperanzas y fracasos, buscando entre las sombras que pasan fugaces
una cara conocida, alguien de quien ya olvidamos el nombre.
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