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La memoria
arrastra astillas, jirones, herrumbre de días, vidas que encallaron
en la niebla del tiempo, nadando contra la corriente, incesantes arrastradas
hacia el pasado.
En algún recodo de nuestra existencia quedan los restos de algún
oscuro naufragio, como el de estos seres arrojados tiempo atrás
por la borda de su destino; la turbulenta marea de sus vidas los abandonó
en las abruptas costas de la soledad. Desesperados buscaron las huellas,
para retroceder sobre sus pasos, las huellas que borrara el oleaje del
azar.
Están solos, pero no sobre una isla ni sobre una balsa como un
Robinson o un náufrago, con la esperanza de la salvación
o la visión del regreso. Sino solos en medio de la historia, solos
en medios de una multitud de seres desvencijados, astillas de mástil
quebrado contra las rocas; solos, a la deriva, en la común memoria.
Solos en medio de nosotros.
Perdidos en tan desolados escollos, resistiendo la rudeza de tan largo
aislamiento, los únicos restos que pudieron rescatar de ese navío
zozobrado que fue sus vidas, son apenas unos despedazados sueños
que las inclemencias del tiempo van enmoheciendo.
"Obra póstuma",
concebida como un diálogo entre la conciencia y la muerte, tiene
en su punto de partida una hipótesis de trabajo sobre acontecimientos
reales: la tragedia de quienes se aventuran a cruzar el estrecho, buscando
cambiar su destino, y se encuentran con éste, envueltos en el verde
sudario del mar.
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