
El origen del teatro La Zaranda se remonta al periodo de trance, en
la década de los setenta.
Tras un
cúmulo de experiencias individuales, es en 1978 cuando se produce
el encuentro y la decisión de condensar todas sus experiencias
en una fase de trabajo. Se partía de unas premisas para "hacer
camino": querer conducir a la obra teatral hasta ese punto de
tensión en que drama y vida confluyen, negar toda concesión
al teatro muerto con todos sus academicismos evidentes, al teatro
de las falsas vanguardias, con patente de modernidad aplicadas al
decorativismo más banal y la esclerosis, que no conduce más
que al bostezo.
Ir más allá de las formas adquiridas, no cesar en la
búsqueda, renunciar a los logros que puedan establecer lo rutinario,
afianzar un estilo en permanente transición... ¡importa
la acción de crear! No fabricar conservas artísticas
que se abran en cada representación. Hay que mantener la tensión,
jugársela en cada situación, desarrollar cada realidad
escénica en su devenir vivo...
Largo y hondo
ha sido el camino transcurrido desde donde partimos con estas premisas,
y las ilusiones intactas, lejos de las estrategias mercantiles del
espectáculo, de los costumbrismos de la época, seguimos
buscando sobre el escenario los vínculos entre nuestra memoria
y nuestra imaginación, persiguiendo la realidad que no sucede,
la verdad que adormece en el corazón de los hombres, como declaramos
en nuestros principios y fieles a ellos, "nuestros trabajos surgen
de la ansiedad de expresar lo que somos de acuerdo con la confidencia
poética de nuestros sentimientos."