
Han transcurrido más de veinticinco años desde que la zaranda emprendiera
su andadura teatral, realizando una intensa labor de creación
que le ha valido un gran prestigio internacional. Su trayectoria tiene
como constantes teatrales: el compromiso existencial y la fidelidad
a sus raíces tradicionales; como recursos dramáticos:
el uso simbólico de los objetos, el expresionismo visual, la
depuración de textos y la creación de personajes y situaciones
límites; y como método de trabajo, un riguroso proceso
de creación colectiva.
La
Zaranda como cernidor que preserva lo esencial y desecha lo inservible,
desarrolla una poética teatral que lejos de fórmulas estereotipadas
y efímeras , se ha consolidado en un lenguaje propio, que siempre
intenta evocar a la memoria e invitar a la reflexión.